LOS BOBOS RAMPANTESvolver

Por: El Raquero.

Decía Don Benito Pérez Galdós que "la elevación de los tontos, ruines y ordinarios no es, como algunos creen, desdicha peculiar de los tiempos modernos". Esto salía de pluma al filo del año 1873, en el segundo de sus Episodios Nacionales. Se refería a un tal Caballero, Ministro de Gracia y Justicia más malo que Tateta y más tonto que un lumiaco.

Esta opinión del ilustre guanche  reconforta porque siempre creí que los miembros del "subgénero político", al rodearse de memos para que no les hicieran sombra, llevaban a la Humanidad a una espiral de estulticia sin fin, pues los tochos eligen como lugartenientes a quienes lo son más que ellos, y cuando los subalternos llegan a jefes hacen lo propio. Pero es absurdo pensar que esto sea así, pues si la tendencia a la descerebración del subgénero se remonta -como me temo- a los tiempos primigenios, los dirigentes actuales habrían de tener un cerebro de mosquito, y no es el caso porque aquellos -al menos- son capaces de recordar frases enteras "España va bien....Márchesé señor equis....Instalado en la democracia pienso de que...etc." Y eso un mosquito no lo puede retener.

Por eso la cita de Don Benito nos aclara las cosas, pues tras su testimonio sabemos que ya antes de 1873 pasaba lo mismo que ahora, en 2002. De lo anterior se deduce que a partir de cierto nivel de incompetencia las posibilidades se estabilizan e igualan.

Y ese nivel de estulticia es el que hay que delimitar y definir para poder hacer predicciones. Igual que existen técnicas psicológicas para conocer a los genios superdotados, podríamos analizar los componentes psicológicos de estos "bobos rampantes" que son los políticos, de forma que podamos saber si el hipotético y querido cretinillo que tengamos en casa, hijo de nuestra carne del que no podamos sacar provecho, puede tener algún futuro en ese terreno.

El problema radica en encontrar el equipo de investigación adecuado para desvelar tan arduo misterio científico. Quizás sería posible contar con esos genios que han descifrado el genoma humano, aunque no creo que les sea tan fácil con este nuevo reto.

Si lográramos la síntesis psicológica de los componentes de ese nivel básico de estulticia, podríamos educar a nuestros hijos peor dotados en adquirir habilidades para ser políticos y sacar alguna ventaja en la dura competición de los "bobos rampantes", pues no son pocos los que empiezan y sí muy pocos los que llegan al summum.

Propongo, pues, ir haciendo un trabajo de campo "precientífico" que sirva a futuros investigaciones de este apasionante tema, acumulando casos y ejemplos adecuados en los que se ponga de manifiesto la tontería integral, la memez inconsciente, la simplicidad profunda del subgénero político; y por extensión de todo el género humano, el más inteligente de la biosfera que no puede liberarse del eterno yugo de los lerdos.

Próximas entregas de esta sección serán "Las Islas de la Imprudencia", "El caso Prestige", y otros que se me vayan ocurriendo; y animo a los lectores para que nos envíen sus experiencias, los casos en los que se han pasmado al ver en manos de quiénes estamos.

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