LA EXCURSIÓN DE LOS "PATAS NEGRAS"
El pasado día 29, sábado, salimos de Santander a las 8 de la mañana, recogimos a nuestras huestes de la zona oriental de Cantabria, la tribu de los Blendios de Torrelavega y Cabezón , y nos lanzamos a realizar una dura incursión de castigo en la vecina región asturiana.
El castigo de nuestros hígados fue duro, pero con efectos colaterales mucho menos aparatosos de lo esperado, y ello porque -como ya tenemos reconocida experiencia- paramos primeramente en La Barraca, de Nava, el bar de las campeonas de escanciado Susana y Laura, y “forramos” todo lo que pudimos. Nos agasajaron con excelentes pinchos variados y con la sidra que tenían en esos momentos “Orizón”, de gran calidad.
Éramos veintiocho, y en esa primera parada bebimos unas 30 botellas. Tiempo: tres cuartos de hora. Allí nos estaba esperando Elías Granda, con el que concertamos la celebración en Castañeda el próximo 5 de julio, del Segundo Campeonato de Escanciado de la Cornisa Cantábrica, y un concurso menor en las fiestas de Argomilla de Cayón.
Sergio y Moisés desenfundaron gaita y tambor, amenizándonos con varios toques de primera, y finalmente, ya animadillos, expusimos las maravillas del “tapón universal cántabro de escanciado”. Hacer tal cosa en la Barraca de Nava tiene su mérito: es como hablar de latidos en la aurícula derecha del corazón. Nuestras simpáticas anfitrionas aceptaron el tapón con una sonrisa irónica y Susana dijo que no descartaba la posibilidad de venir con nosotros a Usurbil pues “no disponía de ninguna copa vasca de escanciado”. Hay que recordar que Susana es la Subcampeona de la Cornisa, en el concurso de Torrelavega-2002 (el primero fue el gijonés Juan Carlos Iglesias, actual campeón de Asturias).
Luego marchamos a Roza y a L’Argayón, donde Juan y Santi respectivamente hicieron las delicias de nuestros paladares. Por supuesto, en cada lagar, gaita, tambor, sidra, risas y culín tras culín mamados directamente de la espicha.
Una vez conquistada la capital de la sidra del interior (Nava), pasamos al palu de Villaviciosa. Caímos sobre Peón, donde Vallina nos alucinó con su sidra. Además tenía preparados unos pinchitos de chorizo y queso que nos vinieron de cine, porque nos habíamos perdido al pasar la montañuca y andábamoos un tanto preocupados porque nos quedaba mucha tarea, y los estómagos se quejaban lastimosamente. En el trayecto Monchín demostró ser un excelente conocedor de la geografía, fauna, flora y costumbres de la zona de Villaviciosa, donde parece que pasó parte de la infancia.
Por último, comimos en Arroes, en el lagar Buznego. Allí Luis nos tenía preparada una rica comida de espicha. Retozamos, bebimos, cantamos, tomamos café y marchamos hacia Llanes, al lagar de El Cabañón. Íbamos algo retrasados, pues serían las 7,30 cuando llegamos, con una hora de retraso. Jacinto nos hizo una exhibición de su sidra, demostrándonos la excelencia de su espalme, su pegue maravilloso, etc., etc. Por la megafonía del restaurante sonaba una pieza de gaita y Sergio dijo que eso él lo podía tocar mejor, y sacó la gaita y tocó durante un cuarto de hora un solo digno de Hevia que dejó alucinados a todos los asturianucos. Cuando Carmen, la dueña del prado, consiguió sentarnos a la mesa, serían las 9 de la noche. Al final, ya animados, hicimos las delicias de propios y extraños, cantando a los postres nuestras canciones, y finalizando con las tradicionales “Santander la Marinera” “Himno de la Montaña” e “Himno de Cantabria”. A las once dejamos en paz al resto de los comensales y volvimos a la Tierruca.
Se estuvo bebiendo lo mejor de Asturias desde las once de la mañana a las once de la noche, casi. Los que sobrevivieron pasarán a la leyenda de la Cofradía, constituyedo la unidad de élite denominada “Patas Negras”. En el fondo, la excursión tenía la finalidad mercantil de catar los mejores caldos para la temporada entrante, objetivo que se logró con creces.